Se presenta del 7 al 9 de agosto en el Espacio Urgente 2 del Foro Shakespeare una cita improbable pero desafiante: Gerutha, la Gertudris de Hamlet y Margaret, personaje de la trilogía de Enrique VI y Ricardo III.
“El Encuentro”, un acercamiento escénico dedicado a la presentación de nuevas obras teatrales, procesos creativos en desarrollo, lecturas dramatizadas, montajes que exploran las posibilidades del teatro contemporáneo; desde la dramaturgia para compartir nuevas obras y conversaciones alrededor de la escritura teatral.
Más que un festival tradicional, “El Encuentro” nace como una plataforma para fortalecer vínculos entre creadoras y creadores de distintas ciudades y trayectorias, generando espacios de conversación, reflexión e intercambio alrededor de las prácticas del teatro independiente actual.
La edición del 2026 promueve el intercambio artístico entre compañías y creadores de Ciudad de México, Chicago, Nueva Orleans y Mazatlán, fortaleciendo puentes de colaboración y generando nuevas oportunidades de diálogo creativo. “El Encuentro”, busca celebrar el poder de las historias, del teatro, en vivo y de los encuentros que sólo pueden ocurrir cuando artistas y públicos comparten un mismo espacio. La obra está en el Espacio Emergente del Foro Shakespeare por 3 días, 7, 8 y 9 de agosto.
Entre telones
En una conversación con Natalia Traven, actriz de “El encuentro”, nos devela las aristas que convergen en escena:
– ¿Cuál es el impacto que produce este supuesto encuentro?
El principal impacto de este encuentro es la posibilidad de repensar lo femenino y cuestionar la forma en que la historia ha sido escrita y transmitida. Durante siglos, muchas mujeres han sido definidas por narrativas construidas desde miradas masculinas, donde sus voces, deseos y contradicciones quedaron relegados o reinterpretados. La obra imagina un espacio donde dos personajes emblemáticos pueden recuperar esa voz, confrontar las versiones que existen sobre ellas y dialogar desde su propia experiencia. El espectador es invitado a preguntarse quién escribe la historia, quién decide qué recordar y qué consecuencias tiene seguir reproduciendo esas versiones sin cuestionarlas.
– ¿El desafío actoral es?
El mayor desafío ha sido construir personajes profundamente complejos en un periodo de montaje muy breve. No se trata únicamente de memorizar un texto, sino de comprender a dos mujeres con una enorme carga histórica, emocional y simbólica. Ha implicado un trabajo intenso para encontrar sus matices, sus contradicciones, sus heridas y su fortaleza, evitando caer en estereotipos o lecturas unidimensionales. Además, la obra exige una presencia escénica muy precisa, donde cada silencio, cada mirada y cada palabra tienen un peso específico dentro de la relación que ambas construyen.
.- ¿Cuál valor destaca de tu personaje ante la otra?
Creo que lo que más distingue a mi personaje es su valentía, su honestidad y su fuerza. Es una mujer capaz de enfrentarse a sus propias decisiones y de sostener conversaciones incómodas sin dejar de ser auténtica. Aunque carga con errores, dudas y contradicciones, nunca deja de buscar la verdad sobre sí misma. Esa capacidad para mirar de frente su propia historia y asumir las consecuencias de sus actos es lo que le permite establecer un vínculo genuino con la otra mujer y encontrar puntos de encuentro más allá de las diferencias que las separan.
.- Hay hipótesis que detonan repensar la historia o la perspectiva de quien la mira… ¿sucede en esta obra?
Absolutamente. Esa es, de hecho, la médula de la obra. El texto plantea la posibilidad de revisar las historias que creemos conocer y preguntarnos quién las contó, desde qué lugar y con qué intereses. Nos invita a reflexionar sobre cómo una versión puede convertirse en verdad simplemente por repetirse durante siglos y cómo las voces de las mujeres han quedado muchas veces subordinadas a esas narrativas. La obra abre la posibilidad de imaginar otras lecturas, otras memorias y otras formas de entender a estos personajes, demostrando que la historia nunca es completamente definitiva y que siempre existen nuevas perspectivas desde las cuales observarla.
– ¿Qué cambiaría tu personaje después del encuentro?
Después de este encuentro, mi personaje transformaría profundamente la manera en que se comprende a sí misma y la forma en que se relaciona con otras mujeres. Descubre que, más allá de las diferencias o de los prejuicios con los que llegó, existe la posibilidad de reconocerse en la experiencia de la otra. Ese diálogo le permite reconciliarse con aspectos de su propia historia, cuestionar certezas que daba por sentadas y comprender que la fortaleza también puede surgir de la empatía, la escucha y la construcción de vínculos entre mujeres que, a pesar de provenir de contextos distintos, comparten heridas, resistencias y deseos de ser escuchadas.
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