¿Qué hacemos con aquello que no logramos comprender durante la infancia? Desde esa pregunta surge En el fondo del río.
Escrita por Cynthia Fernández Trejo, con dirección de Cynthia Fernández Trejo y Valeria Martino, la obra se estrenó en La Casa del Teatro. Interpretada por Patricia Loranca, Teté Espinoza, Gabriela Núñez y Hazel Hamdan, la puesta reúne a tres generaciones de mujeres en una historia sobre los vínculos que nos forman, las ausencias que permanecen y la posibilidad de mirar de otra manera aquello que heredamos.

Desde la infancia
Por mucho tiempo, Romina se preguntó qué ocurrió aquel año. Ahora, convertida en adulta, vuelve a los recuerdos de su infancia para reconstruir la historia de Ana, su prima y mejor amiga, y de las mujeres que marcaron su vida: Virginia, su madre, y Licha, su abuela. En un rincón del norte mexicano donde el río cruza el desierto, entre juegos de infancia, una fiesta de quince años y los secretos que atraviesan a una familia, sus voces se entrelazan para revelar una historia sobre los afectos que nos sostienen, las heridas que se heredan y la posibilidad de transformar aquello que parecía imposible de nombrar.
Memoria viva
Con una mirada humana y poética, En el fondo del río entiende la memoria como un acto vivo: una manera de regresar a quienes fuimos, reconocer a las personas que nos formaron y conversar con aquellas que continúan habitándonos aun después de la ausencia. Madres, abuelas, tías, primas y amigas construyen redes de afecto y cuidado, pero también transmiten silencios, temores y formas de relacionarse que pueden repetirse de una generación a otra.
“No sabemos si las obras se crean porque son necesarias. Creemos que nacen porque hay preguntas que insisten. Hay personas que siguen viviendo en nosotros y, a veces, el teatro es la única manera de conversar con ellas”, expresan conjuntamente Cynthia Fernández Trejo y Valeria Martino.
Experiencia colectiva
La escritura de En el fondo del río comenzó a principios de 2025, aunque su origen se remonta a un recuerdo de la infancia de Cynthia Fernández Trejo y a la relación cercana que mantuvo con una prima con quien compartió juegos y una complicidad semejante a la hermandad. Años después, la convivencia de la dramaturga con mujeres de Saltillo permitió que aquella experiencia personal encontrara resonancias en otras historias, formas de hablar y maneras de comprender la maternidad, los cuidados y la vida familiar.
La obra no busca reproducir esas experiencias de manera documental, sino reconocer la huella que dejaron en la construcción de sus personajes y de un universo escénico profundamente relacionado con Coahuila. El desierto, las montañas, los cielos abiertos, la luz y la presencia del agua en medio de la aridez forman parte del paisaje emocional del montaje. Las imágenes proyectadas fueron filmadas en Saltillo durante abril de 2026 y recuperan el territorio desde la mirada de la infancia, el juego y la vida cotidiana, sin reducirlo a una postal folclórica.
Más que un paisaje
La propuesta de Barro Colectivo Cultural integra actuación, imagen, iluminación y sonido para acercarse al funcionamiento de los recuerdos, donde el pasado y el presente aparecen de manera simultánea y una imagen puede despertar emociones que parecían olvidadas. El diseño sonoro de Christian Giraud, de Estudio Errante, acompaña este recorrido mediante un universo acústico relacionado con el paisaje norteño y con los distintos estados emocionales de la obra.
Patricia Loranca encarna a Romina, la mujer que regresa a su infancia para reconstruir la historia, así como a Sandra, su tía. Teté Espinoza interpreta a Ana y Virginia, Gabriela Núñez da vida a Licha y Hazel Hamdan representa a las vecinas. El desdoblamiento de personajes exige que las transformaciones se produzcan principalmente desde el cuerpo, la voz y el ritmo de las actrices. El trabajo escénico transita entre la ternura, el humor, el juego y las zonas más dolorosas de la experiencia familiar, sin perder la cercanía humana de sus protagonistas.
Frente a una época marcada por la velocidad, el aislamiento y la saturación de imágenes, En el fondo del río recupera una de las posibilidades esenciales del teatro: reunir a un grupo de personas para imaginar, recordar y conmoverse al mismo tiempo. La obra no busca ofrecer respuestas cerradas. Invita a reconocer que estamos hechos de muchas vidas además de la nuestra y a preguntarnos qué conservamos de quienes estuvieron antes, qué historias seguimos repitiendo y cuáles todavía podemos transformar. La obra estará en La Casa del Teatro, sábados y domingos a las 7 pm.
Fotos Guadalupe Toffoya
@robertoyanezeditor
robertoyanez.mundovio@gmail.com