Alejandra Quintero Oria es maestra de yoga y coach. A través de su proyecto Vivir en Presencia acompaña a personas en procesos de transformación personal.
A partir de hacer prácticas contemplativas, herramientas de autoconocimiento y una visión profunda del desarrollo interior.
Su enfoque parte de la convicción de que el verdadero cambio ocurre cuando aprendemos a relacionarnos con nuestra mente, nuestras emociones y nuestras relaciones desde un lugar de mayor presencia, responsabilidad personal y claridad interior.
Alejandra está certificada como coach en el método Recovery 2.0, desarrollado por Tommy Rosen, un enfoque que integra yoga, meditación y principios de recuperación para apoyar procesos de sanación emocional, ruptura de patrones adictivos y construcción de una vida más consciente. A través de sesiones de coaching personal, talleres y espacios de reflexión, Alejandra acompaña a personas que buscan desarrollar mayor claridad interior, fortalecer su relación consigo mismas y vivir con mayor intención y presencia. En entrevista, Quintero nos comparte los detalles del método que sigue para guiar en la ayuda a los pacientes.

Elección de vida
1.- Aunque el mundo actual dicta la necesidad de recurrir a un coach de vida, ¿cómo se establece el punto diferenciador para elegir uno y otro?
Hoy hay muchas opciones, pero para mí el verdadero diferenciador no está en la técnica, sino en la presencia de quien acompaña. Un buen guía no es quien tiene todas las respuestas, sino quien ha hecho su propio trabajo interno y puede sostener el proceso del otro sin juicio, sin prisa y sin protagonismo.
Yo siempre invito a sentir más que a evaluar: ¿te sientes visto?, ¿escuchado?, ¿en confianza para ser tú, incluso en lo incómodo? El acompañamiento real no genera dependencia, genera conciencia. Y la conciencia, tarde o temprano, te devuelve a ti.
2.- Ante la prisa de la vida citadina y el estrés, ¿son un factor a vencer o ignorar para lograr mayor efectividad en un proceso de acompañamiento personal?
Ni vencerlos ni ignorarlos. Eso solo profundiza la desconexión. El estrés y la prisa son mensajeros. Nos están mostrando que estamos viviendo hacia afuera, desconectados de nuestro ritmo interno. El trabajo no es “quitar el estrés”, sino aprender a escucharnos dentro de él.
Cuando logramos hacer una pausa —aunque sea breve— empezamos a responder en lugar de reaccionar. Y ahí cambia todo. El proceso no ocurre fuera de la vida cotidiana, ocurre en medio de ella.
3.- ¿En qué se basa tu sistema y qué puede esperar quien se sume a tu método?
Mi trabajo está profundamente influenciado por el yoga como camino de vida, no solo como práctica física. Integra conciencia corporal, respiración, observación emocional y una mirada muy honesta hacia nuestras creencias y patrones. No es un método rígido. Es un espacio de acompañamiento donde cada persona aprende a verse con claridad.
Trabajo mucho con la presencia, con regresar al cuerpo, con entender la mente sin pelearnos con ella. Quien se suma puede esperar incomodidad, pero también mucha verdad. Y desde ahí, una forma más ligera y auténtica de habitar su vida.
4.- ¿Son medibles los resultados y es posible la autosuficiencia con el conocimiento y reconocimiento acumulado en el proceso de desarrollo?
Los resultados más profundos no siempre se miden en métricas tradicionales, pero sí se sienten con mucha claridad. Se reflejan en relaciones más sanas, en decisiones más conscientes, en una menor reactividad y en una sensación de mayor paz interna. No es que la vida se vuelva perfecta, es que dejamos de pelear con ella. Y sí, la autosuficiencia es el objetivo. Un buen proceso de acompañamiento no busca que te quedes, sino que aprendas a sostenerte. Porque al final, todo el trabajo es recordar que lo que buscamos afuera, ya vive dentro de nosotros.
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