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Rafael Amaya

Rafael Amaya

POR Marlene Diveinz. FOTO Uriel Santana. CORTESÍA Prensa Danna

Un rol protagónico le ha dado al actor una proyección que ha rebasado fronteras. Conquistando a diferentes audiencias en una serie que aún genera polémica, su éxito está asegurado.

El actor mexicano es el consentido de la televisión gracias a su papel de Aurelio Casillas en la serie “El señor de los cielos”. Su sonrisa franca y sus frases, al más puro estilo norteño, contrastan con la mirada gélida cuando se trata de eliminar a sus enemigos. Es Rafael Amaya, sin reservas, para Only.

Walt Disney decía que “sin personalidad”, el carácter puede ser gracioso y hasta interesante, pero a menos que las personas logren identificarse con el personaje, una historia con un personaje sin personalidad no atrapa a la audiencia”. Y es que en los tiempos de internet, las novelas transmitidas en la televisión han enfrentado un gran desafío, en donde los personajes y los guiones tienen que ir de la mano con la actualidad, además de más exigencias en las producciones y una interacción constante con su público.

 

“YO INTERPRETO PARA EL PÚBLICO Y ME GUSTA ESCUCHAR SUS HISTORIAS”.

 

Amaya nació hace 39 años en Hermosillo. Las calles de la “ciudad del sol”, como se le conoce a la capital de Sonora, que es una cuna de uno de los mejores equipos de bésibol, conocieron sus primeros pasos mientras saboreaba las deliciosas “coyotas”, un dulce consistente en tortilla de harina de trigo rellena de piloncillo. Las expresiones, características del norte de México, también llenaban de musicalidad sus oídos, factor determinante para interpretar a Aurelio Casillas, el narco más famoso de la pantalla chica, en “El señor de los cielos”. Una serie que ya anticipa su quinta temporada para el 2017 con Amaya en el protagónico y cuyas expresiones son comunes en el habla cotidiana de los hispanohablantes del mundo.

AL ESTILO CORLEONE

Francis Ford Coppola marcó una tendencia que predomina, y que ha reinventado, en el tema de las drogas y las mafias en la pantalla con “El Padrino”, una cinta magistral basada en la historia de los contrabandistas italianos en Estados Unidos. Antes, el cineasta mexicano Juan Orol, en la década treinta del siglo XX, había dado sus primeros pasos, gran admirador del cine negro o noir, dedicado a los gánsters y a las prohibiciones que incluían el alcohol, un cine característico de la época sobre temas restricciones, pasadas y presentes.

Desde entonces, el tema de las drogas se ha convertido en un tema común y cotidiano más allá de luchas gubernamentales de salud y seguridad. Incluso, las historias de la pantalla chica se han alejado del género del melodrama tradicional para dar espacio a nuevas formas, donde la realidad social y la política van de la mano. Amaya no se queda atrás: ha transitado del modelaje para reconocidas marcas, ha sido intérprete del grupo Garibaldi, hasta intervenciones en telenovelas y películas. Toda la trayectoria en los escenarios, hasta que le llegó la oportunidad perfecta: la narcoserie.

“Siempre que trabajo hago lo mismo: me apasiono”, dice Rafael, con esa inocencia que cautiva a las audiencias, mientras fija la mirada en el horizonte. Unos ojos que rondan los abismos y los mide en cada palabra, la misma mirada de niño cuya familia migró a Tecate, Baja California, que apenas en 2012 alcanzó el denominativo de “pueblo mágico”. Antes, Amaya trabajó en centros comerciales como empaquetador y otros oficios. Sí, “soñaba con ser actor”. Y buscó la oportunidad en territorios estadounidenses. México no solo exporta mano de obra, también talentos. Los años de llamados a audiciones, sin más resultado que papeles secundarios, no apagaron su sed del protagónico.

 

“SIEMPRE QUE TRABAJO HAGO LO MISMO: ME APASIONO”.

 

“Todos mis proyectos los hago pensando en lo que la gente quiere ver. Yo vengo de una familia muy humilde. Teníamos pocas posibilidades, en Tecate, de trabajar. Entonces, todo lo que hago es para mi pueblo y yo voy a seguir contando historias”, asevera Rafael.

Después de dos temporadas en “El señor de los cielos”, los productores le dieron alas. La vida en el norte, después de años persiguiendo el papel perfecto como actor, le dio la venia. Un territorio dominado por el narco desde los años 30 del siglo XX, cuando Estados Unidos autorizó que el gobierno mexicano determinara los territorios Para la siembra de la amapola y otros enervantes.

¿Por qué en el norte del país? La latitud, la cercanía con el vecino, la necesidad de los estimulantes de manera casi inmediata y de forma masiva. El México de los años setenta y ochenta fueron el cuerno de la abundancia para el suministro de estupefacientes. Y en el norte del país, tan franco y directo, acunaron la historia de Rafael Amaya.

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WESTERN STYLE

Quien vive de sol a sol y más allá, desde la infancia, conoce en la piel el tránsito de la luz y sus luchas cotidianas. Amaya lo sabe y por eso lanzó chalecos de piel, botas, sombreros, camisas y pantalones, al puro estilo norteño. Ahora estamos con la ropa para damas, muy pronto la de niños y otros segmentos, sabemos que la familia es grande y queremos todas vistan de norteño”.

¿Cuál es el secreto de Rafael Amaya para el éxito?

La número uno es divertirse, pasarla bien, serle fiel al personaje. Darle a la gente lo que quiere ver. Siempre hay que estar pensando en la gente. Son los que hacen posible el éxito. Así que en cada paso, hay que pensar en la gente.

¿Está dispuesto a escuchar historias para nutrir un papel?

“Reitero, yo trabajo para el público y me gusta escuchar sus historias. Hoy, como pueden ver, ando bien bañao, bien boleao, y con cien cabezas de ganado”.

Amaya ha llegado a la cumbre después de largo tiempo de trabajo. Aparte de darle continuidad al rol que lo ha puesto en la mira del mundo, se encuentra a la expectativa de lo que llega. Ahora el reto es saber si logrará superar la fama de un personaje que se niega a morir”.

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